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lunes, 14 de noviembre de 2011

Gobernación: entre la discontinuidad y la tragedia

                          Foto: cortesía adnpolitico.com

En promedio, un secretario de Gobernación dura un año tres meses en el cargo. Francisco Blake Mora era el titular número 151 en 190 años de historia de la dependencia, si se considera su más lejano antecedente, la Secretaría de Relaciones Interiores y Exteriores creada en 1821, cuyo primer encargado fue José Manuel de Herrera, un sacerdote católico huamantleco, doctor en teología, nacido en 1766.

El periodo de mayor continuidad en Gobernación ocurrió entre 1884 y 1911, cuando sólo existieron, en 27 años, tres titulares. En el siglo XX, a partir de 1911, de los 62 secretarios sólo ocho lo fueron por cinco años o más: seis años continuos encabezaron la secretaría Ángel Carvajal Bernal, Mario Moya Palencia y Manuel Bartlett, mientras que por cinco la ocuparon Miguel Alemán, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, Fernando Gutiérrez Barrios y Santiago Creel.

Tras la alternancia, la Secretaría de Gobernación no ha podido escapar a su tradicional discontinuidad, pero sobre todo ha adquirido la calidad de trágica. Desde que el PRI perdió su primera elección presidencial y el PAN llegó a Los Pinos, han abanderado la dependencia seis personajes, de los cuales tres ya han muerto, dos después de sufrir un percance aéreo. El 4 de noviembre de 2008 Juan Camilo Mouriño murió luego de que el avión que lo transportaba se estrelló; menos de un mes después, el 2 de diciembre, Carlos María Abascal Carranza, quien fue secretario entre 2005 y 2006, falleció víctima de cáncer; como se sabe, el pasado viernes11 de noviembre el helicóptero en el que viajaba Blake cayó y éste perdió la vida junto con otras siete personas.

A los otros tres ex secretarios no les va tan mal. Creel aspira, por segunda ocasión, a la Presidencia, Francisco Ramírez Acuña es el coordinador de la bancada panista en la Cámara de Diputados y Fernando Francisco Gómez Mont Urueta se desempeña como abogado, destacado por cierto por tener entre sus clientes a empresas como Nextel.

Está por demás citar las importantes atribuciones establecidas para la Segob en el artículo 27 de la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal. Decir como lo hacía el New York Times al dar cuenta de la tragedia a sus lectores resulta más ilustrativo: ¿quién era Blake?: “el segundo más poderoso funcionario de México”; la cabeza de la nota era clara: “Accidente de helicóptero mata a líder en la lucha contra las drogas de México”.

No puede dejar de destacarse el alto cargo y el peligroso trabajo que venía desempeñando Blake en el actual contexto de la vida política y social mexicana. Apenas el primero de noviembre pasado había ido a Morelia a afirmar, tras reunirse con el Grupo de coordinación y evaluación del plan operativo detallado Michoacán: “vamos a estar trabajando hasta el último día de la administración como lo hemos planteado con el gobernador, en un ataque a la criminalidad… Hoy no son tiempos ni por coyunturas ni por ninguna otra razón de titubeos o de vacilaciones en el tema más sentido, probablemente en algunas regiones de nuestro país en materia de seguridad pública”.

En menos de 48 horas quien fuera secretario de Gobernación regresaba a Morelia, ahora para condenar el asesinato del alcalde de La Piedad, Ricardo Guzmán Romero, y declarar, a 10 días de distancia de los comicios en Michoacán para elegir gobernador: “actos de violencia como éste lejos de atemorizar y de desalentar nuestra lucha contra el crimen lo harán más valeroso y comprometido. El dolor y el repudio debe fortalecernos y unirnos, más para avanzar mejor y honrar a hombres como Ricardo Guzmán y a otros mexicanos y michoacanos de bien que han caído víctimas de la violencia sin sentido que mueve a los criminales”.

La historia de la Secretaría de Gobernación la muestra con un alto grado de discontinuidad. El antecedente es clave para no pedirle irreflexivamente algo, la continuidad de sus funcionarios, que tradicionalmente no ha tenido. Lo que sin embargo no puede obviarse es que en tan sólo tres años y siete días han muerto dos secretarios de Gobernación en condiciones muy similares. Más allá de especulaciones vehementes y de elucubraciones, de imaginaciones poderosas y de atentados sibilinos, lo real es que está quedando al descubierto cierta incapacidad de la autoridad federal para proteger a funcionarios incluso de tan alto nivel como un secretario de Gobernación (véase Proceso 1828, 13/11/2011).

La lucha contra la delincuencia organizada ha traído consigo, inevitablemente, amenazas para la estabilidad política; en este episodio en particular de la historia del país la cabeza del Poder Ejecutivo no puede permitirse que éstas se incrementen por omisiones suyas. Así como se debe respetar el dolor de las familias que hoy lloran a sus muertos y dejar de lucrar electoralmente con la tragedia, el flujo de la información respecto a los avances de las investigaciones en el caso de la muerte de Blake debe ser ágil y transparente; no puede ser de otro modo.

sábado, 22 de octubre de 2011

Tristán Canales, presidente de la CIRT



Quizá porque su preocupación se encuentra principalmente en la televisión y el radio, es que Tristán Canales tiene desatendida su cuenta de Twitter: derivado de sus tres tweets, cuenta con apenas 86 seguidores. Esta mínima influencia que pudiera deducirse del dato anterior es, sin embargo, contraria al importante papel que ejerce quien el 20 de octubre fue ratificado, en asamblea general ordinaria, como presidente del Consejo directivo de la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión (CIRT), por cierto, considerado uno de los 300 líderes más influyentes de México (Revista Líderes mexicanos, 2011).


Canales sustituyó en el cargo a Karen Sánchez Abbott desde el 10 de febrero pasado, cuando ésta renunció argumentando razones estrictamente “profesionales y personales”. Cubiertos 16 meses, le restaban ocho para concluir su encargo de dos años, el cual había obtenido con el apoyo de, entre otros, Francisco Aguirre (presidente de Grupo Radio Centro), Rogerio Azcárraga (presidente de la Organización Radio Fórmula) y Francisco Ibarra (fundador del Grupo Acir).

Llama la atención la sorpresiva salida de Sánchez, pero también lo bien vista que fue por los industriales la llegada de Canales, esto si se consideran las declaraciones de José Manuel Aguirre, presidente de la Asociación de Radiodifusores del Valle de México (Milenio, 11/02/2011), y el hecho de que el jueves fuera ratificado por unanimidad. Debe recordarse que de acuerdo con los estatutos de la CIRT es el primer vicepresidente quien debe asumir la dirección del organismo en el caso en el que por alguna razón, como la renuncia, no cuente con presidente. Fue la afortunada circunstancia de Canales.

Egresada del ITAM y vicepresidenta desde 1996 de la división de radio y TV de Grupo Siete, “un conjunto de empresas 100% mexicanas, comprometidas con el desarrollo de negocios exitosos y la generación de empleos en México en los ámbitos de la comunicación, el marketing y la educación”, según se lee en su página en internet, Sánchez ha tenido un importante desarrollo profesional dentro del gremio de la radio y la televisión, lo que le valió que fuera galardonada con la medalla “Juanita Guerra Rangel” en mayo de 2010.

La trayectoria de Sánchez dista mucho de asemejarse a la del nuevo presidente de la CIRT, quien puede presumir de más de 30 años de estar inmiscuido en la política de manera profesional. En 1973 fue tesorero de la Cámara de Diputados y después se convirtió en oficial mayor del Senado. Postulado por el PRI, en el distrito 38 del Distrito Federal, se convirtió en diputado de la LI Legislatura (1979-1982). Durante la presidencia de Carlos Salinas de Gortari, teniendo como jefe a Patrocinio González Garrido, se desempeñó, en 1993, como subsecretario de Desarrollo Político de la Secretaría de Gobernación. En 1997 se incorporó al sector privado, más propiamente dicho al Grupo Salinas, del que ha sido jefe de la oficina de la presidencia, vicepresidente de noticias de TV Azteca y director general de comunicación corporativa.

Si se atiende el discurso de Canales al convertirse en presidente sustituto, puede inferirse que algunos industriales de la radio y la televisión no estaban tan conformes con el desempeño de Sánchez, quizá pugnaban por un perfil más político, por alguien que pudiera cabildear de mejor manera los muchos asuntos que tiene frente a sí la CIRT en el contexto del proceso electoral de 2012: “dijo que entre sus prioridades estará la unidad de la industria para fortalecer su influencia, liderazgo y su papel preponderante en beneficio de México” (La Jornada, 11/02/2011).

Entre aquellos asuntos se encuentra el del Reglamento de acceso a radio y televisión en materia electoral, el cual fue impugnado por miembros de la CIRT, quienes hasta el 6 de julio de 2011 habían presentado 700 recursos (El Universal, 07/07/2011) y lograron que a mediados de septiembre el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación revocara el acuerdo del 27 de junio por el cual el Consejo general del IFE había aprobado algunas reformas a dicho reglamento, las cuales la CIRT argumentó ponían en riesgo las elecciones de 2012. El IFE fue obligado a consultar a permisionarios y concesionarios y será probablemente el próximo jueves 27 de octubre cuando, en sesión pública, el Consejo general vote modificaciones al reglamento (Reforma, 22/10/2011).

El trabajo de negociación de Canales ya está rindiendo frutos. Lo destacable de la reciente pasarela de candidatos presidenciales durante la 53 semana de la radio y la televisión no fue el atento recibimiento que tuvieron Enrique Peña Nieto o Josefina Vázquez Mota ni el formal y apresurado que le fue dado a Andrés Manuel López Obrador; lo que verdaderamente sorprende es que el tema de nuevas cadenas de televisión, de una tercera al menos, estuvo ausente; si acaso Marcelo Ebrard se refirió, tibiamente, a ello, días después de haber inaugurado, el 12 de octubre, junto con Carlos Slim la Plaza Mariana.